Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

    SERMONES EN BOSQUEJO

 

Nuestra carrera

La señora Job

La transfiguración del Señor

Booz en la puerta de Belén

Booz

Rut

Noemí

Elimelec

El libro de Rut a ojo de  pájaro

Zaqueo

La parábola del trigo y la cizaña

El reino de Dios en las parábolas de Mateo 13

"Vosotros sois la sal de la tierra"

Sucedió en Antioquía

Cuando Jesús mostró su indignación

La de Tesalónica, una iglesia ejemplar

El valor de los ejemplos

La decisión de Moisés

Los sacerdotes obedientes

"Quitad la piedra"

La congregación que le gusta a Dios

¿Más grandes que Juan?

Si nos fuéramos de Jesús

El camino angosto

La esposa de Cristo

El yugo de Cristo

La caída de Pedro

"¿Dónde está tu hermano?"

Las dos caras de la moneda

Como niños

El nuevo y maravilloso mandamiento del Señor

El Señor vendrá

Extranjeros y peregrinos

Apolos

El Nuevo Pacto contrastado con el Antiguo

"¿Y quién es mi prójimo?"

La felicidad en el matrimonio

Lot, el mediocre

La higuera pretenciosa

Instrumento de empleo delicado

Contradiciendo a Jesús

Retrato de un fiel predicador

La predicación que muchos no quieren

 El mayordomo infiel y sagaz

El cristiano que cada uno debiera ser

Las diez vírgenes

Las dos vías de escape

La vida es neblina (sermón de funeral)

Tres ejemplos de humildad

"Si tu hermano peca..."

Adornando la doctrina

Cualidades básicas de un buen padre

La clase de madre que toda cristiana debería desear ser

Por qué no guardamos el sábado

¿Qué pasará en 2005?

Jacobo el hermano del Señor

El hombre no es señor de su camino

Los ciento cuarenta y cuatro mil

El cristiano y la Navidad

El etíope: Los interventores en su conversión

La madre ante Salomón

El triste caso del pobre joven rico

Caminó Enoc con Dios

La mujer de Lot

La grandiosidad de la iglesia

El hombre que vio la gloria de Dios

La doctrina del pecado original

¿Qué pasaría si nos decidiéramos a imitar a Pablo?

El hombre feliz... y los otros

Las promesas del Nuevo Pacto

 Lo más maravilloso que nos puede suceder

Nuestro sacerdocio

La perversión del evangelio

Los problemas en la iglesia

Nuestra armadura

El ruego de Agur

Ayer pasó algo maravillosamente bueno

Cinco Hombres

La Regla de Oro

El reino de Dios

 La espera de Saulo

 Sermón sobre la paz

 El uso bíblico del Antiguo Testamento

El ahorcado

La música en la adoración novotestamentaria

La compasión y el juicio

La tragedia del divorcio

El deslizamiento

 

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Hay una clase de cristianos que yo admiro mucho. Los que dedican parte de su tiempo a hacer la obra de Cristo. Los que no se limitan a esperar el día de la reunión para ir a sentarse a escuchar un sermón o un estudio. Los que llegan a su casa cansados de su trabajo y toman su biblia y sus otros libros y se ponen a elaborar un sermón o un estudio. Los que toman parte activa en la obra de Cristo. En ellos pienso principalmente al atreverme a publicar aquí algunos de mis bosquejos.

Sé por experiencia propia que la falta de tiempo y a veces hasta de herramientas de estudio hace que estos cristianos muchas veces quieran tener a la mano algún sermón en bosquejo hecho por otro, para cambiarlo a sus necesidades, posibilidades y hasta a su gusto y estilo. Aquí están algunos. Tal vez hasta uno que otro predicador pudiera considerar estos bosquejos buenos cuando menos para pescar alguna idea para hacer su propio sermón.

También sé que es difícil predicar sermones preparados por otros. Muchas veces uno no sabe qué tenía el hermano en mente cuando hizo este o aquel apunte. Además, si el sermón es de otro, como que le falta algo a la hora de estar predicándolo. Por eso, recomiendo mucho que cuando nos veamos obligados a usar el bosquejo de otro, le hagamos cambios, ya sea ajustándolo a nuestras circunstancias y estilo, o hasta mejorándolo. Sería maravilloso que el resultado fuera un sermón distinto, ¡un sermón nuestro!

Casi cualquier sermón puede ser mejorado. Todo lo que hacen los humanos es susceptible de perfeccionamiento. Aun nuestros propios sermones podemos mejorarlos. De manera que los sermones publicados aquí, de vez en cuando "sufrirán" alguna modificación, aunque sea pequeña, cuando yo vea en ellos algo que puede mejorar con un cambio, una adición y hasta con un borronazo.


Para mí será muy satisfactorio si en alguna parte del mundo alguien usa algún bosquejo mío. Si ese sermón llegara a estimular a algún inconverso a obedecer o a algún cristiano a hacer cambios, yo no pediría más. Que la gloria sea toda para nuestro bendito Dios.

Por la verdad,
Jorge Rodríguez Guerrero

 

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