Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 
 

 

 MARCOS 16.17,18

 

            Uno de los pasajes favoritos de los pentecostales es Marcos 16.17, 18, el cual dice así: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.

            En pocas palabras, las señales mencionadas por el Señor, dicen, les seguirán a los que creen en su Nombre. Si usted cree, a usted les seguirán. Si no le siguen es que usted no cree.   

            En el mundo hay millones de personas que sinceramente creen que las señales mencionadas por el Señor en Marcos 16.17,18 son para cualquiera que crea.  

            ¿Enseña eso el pasaje? ¿De veras el Señor dijo que las señales seguirían a todos los creyentes de todos los tiempos?

Nuestros amigos pentecostales dicen que sí, pero una atenta mirada a la Escritura y a la propia realidad presente mostrará su equivocación.

            Resulta interesante que los pentecostales de nuestros tiempos solamente enfatizan las dos señales del pasaje más fáciles de imitar, es decir de falsificar: Las lenguas y la sanidad de enfermos. Hace años hubo pentecostales sinceros y llenos de fe que se atrevieron a llevar a sus reuniones serpientes venenosas. Pero como muchos de ellos pagaron con su vida su fe, hoy día esos actos de verdadera fe –fe equivocada-- pertenecen a la historia.

            Si usted hace lo que nuestros hermanos debatistas de años pasados (cuando todavía había predicadores pentecostales que se atrevían a defender su fe en debates públicos) que le presentaban al oponente pentecostal un frasco con veneno y lo desafiaban a darle un trago para probar que la promesa del Señor del pasaje sigue siendo para nuestros días, el pentecostal responderá igual: Que hacer eso sería tentar al Señor. ¿Tentarlo? ¿En qué forma? "Probándolo para ver si lo hace o no".  Bien, si así fuera, poner las manos sobre un enfermo también sería tentar al Señor, probándolo para ver si lo sana o no. ¿Por qué ellos dicen que no se debe tentar al Señor y sin embargo lo hacen? La verdad es que en el fondo de su corazón ellos dudan que el veneno no les hará daño.

            El pasaje dice: "estas señales seguirán a los que creen".

            Ahora bien. ¿Sucedió lo que el Señor prometió a los apóstoles? ¡Claro que sucedió!  El resto del Nuevo Testamento contiene muchos pasajes que hablan de la forma en que se cumplió lo que el Señor dijo. Si observamos lo que sucedió entenderemos el pasaje que nos ocupa.

            Los primeros capítulos de Hechos nos hablan de la conversión de miles y de que se hicieron muchas señales. El mismísimo día de Pentecostés hubo tres mil personas que creyeron y el número aumentaba cada día. Pero, ¿les seguían las señales de Marcos 16 a todos y cada uno de los miles de creyentes? No. Es más: Hechos 5.12 es claro en decir: "Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo…” Nótese que las señales se hacían no por la mano de todos sino “por la mano de los apóstoles”.

            En 1 Co. 12.28 en adelante leemos: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. Enseguida ( v. 29) Pablo hace una serie de preguntas retóricas cuya obvia respuesta es “No”. Veamos: “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?”…

            Repito que esas preguntas retóricas son para Pablo afirmar que no todos tenían los mismos dones. Por ejemplo, no todos hablaban lenguas.

            Al hablarnos la Palabra bendita de cómo fue que se cumplió la promesa del Señor, ella  nos ha iluminado para entender que en Marcos 16.17,18 el Señor no enseñó que esas señales seguirían a todos y cada uno de los creyentes. El dijo que esas señales seguirían a los que creen. ¿Cómo es esto? Ya lo hemos sabido por los pasajes citados. Al haber entre los creyentes personas que hicieran esas señales, ellas seguirían a “los que creen”. O dicho de otra manera, al grupo de creyentes le siguieron esas señales pues entre sus miembros hubieron quienes las mostraron.

            Entonces, citar Marcos 16.17.18 para enseñar que a todo creyente le siguen esas señales (o alguna de ellas) es una crasa equivocación que choca con lo que dice la Palabra al respecto en otras partes.

            Todavía más. Nuestros amigos pentecostales muestran cierta deshonestidad al usar el pasaje así, pues ellos mismos no creen que todos los miembros de su grupo tienen, por ejemplo, don de sanidad, sino solamente tales o cuales.

            Por supuesto en este artículo solamente hemos tratado la enseñanza de Marcos 16.17,18.  Si hubiéramos examinado el v. 20 a la luz de otros pasajes habríamos aprendido que el propósito de las señales fue el confirmar la Palabra. (Compare Heb. 2.3,4).  Cuando ese propósito se cumplió, terminaron las señales. Solamente es cuestión de leer detenidamente otros pasajes para aprender que las señales fueron hechas por los apóstoles que recibieron ese poder cuando fueron bautizados con el Espíritu Santo; que ellos transmitieron a algunos el poder de hacer señales (dones del Espíritu Santo) por medio de imponerles las manos; que estos no podían transmitir a otros el poder recibido de  los apóstoles y que poco después de que la Palabra inspirada quedara para siempre en forma completa y definitiva, es decir, el Nuevo Testamento escrito, murió el último de los apóstoles. Cuando también murió el último que tenía algún don del Espíritu Santo recibido de algún apóstol, las señales terminaron como había terminado el propósito de ellas al haber quedado la Palabra confirmada.

 

12.1.04 

 

 

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