Los dos nombres del apóstol Pablo

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Los padres de Pablo, de la tribu de Benjamín, escogieron un buen nombre para su vástago: Saulo, que fue tomado evidentemente de un notable benjamita: El rey Saúl, quien fue el primero de los reyes de Israel, Aun el significado del nombre Saulo es hermoso: Significa “pedido a Dios” o todavía mejor, “Aquel que ha sido pedido al Señor”. La historia bíblica nos cuenta que Saúl era un hombre muy bien parecido y además de gran estatura. Aquí no hablaremos de sus errores y pecados, ni de su triste final. Sólo diremos que Saulo de Tarso recibió de sus padres el nombre de un ilustre personaje histórico que fue de la misma tribu de Benjamín.

     En el libro de los Hechos Saulo aparece por primera vez al final del capítulo siete cuando el martirio de Esteban. Este hombre vuelve a aparecer varias veces con ese mismo nombre hasta 13.9 donde también por primera vez es llamado Pablo: “Entonces Saulo, que también es Pablo…”. Ese versículo es interesante: En él se le llama Saulo por última vez (Por supuesto el nombre “Saulo” aparece en los capítulos 22 y 26 donde Pablo relata su conversión a Cristo) y en él se le llama Pablo por primera vez. El apóstol jamás se presentó ya ante nadie con el nombre de Saulo, de modo que nos queda claro que él quiso que en adelante se le conociera como Pablo.

     Los que leen el N. T. en griego han notado que en ese idioma los dos nombres son casi idénticos distinguiéndose solamente por una letra: Saulos y Paulos. Al apóstol le bastó un pequeño cambio para no sólo cambiar de nombre, sino para enfatizar el cambio en su vida. Ya no más Saulo el perseguidor de los cristianos, ahora Pablo el cristiano. Luego, mientras que por un lado Saulo era el nombre de un importante personaje de la historia de Israel, por otro “Pablo” significa “pequeño”. ¡Pablo quiso ser llamado pequeño!

     Muchos estudiosos nos dicen que Pablo se puso su nuevo nombre en honor del procónsul Sergio Paulo, a quién había apenas convertido (vea los vv anteriores a Hch 13.9). Suena bien, pero no es algo muy convincente. Esa forma de hacer las cosas no parece encajar muy bien en la personalidad seria, digna y sobria del Pablo que uno ha llegado a conocer en el Nuevo Testamento.

     Otros dicen que Pablo bien pudo haber tenido siempre los dos nombres, uno hebreo y el segundo griego que habría recibido de sus padres, y que ahora él decidió dejar el primero y comenzar a usar el segundo. Podría ser: Aun la expresión “Saulo, que también es Pablo” parecería indicar que él tenía los dos nombres. Eso además de que se sabe de judíos que tenían dos nombres, uno hebreo y el otro gentil, por ejemplo Juan Marcos.

     Una explicación basada en el significado de la palabra Paulus, “pequeño” que a mí me gustaría que fuera correcta es la siguiente:

     Pablo siempre se sintió muy mal al recordar su pasado, digamos su pasado relacionado con Cristo. El había sido perseguidor de los cristianos y al perseguirlos a ellos perseguía a Cristo (“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”). Pero el Señor tuvo misericordia de él y lo salvó. No solamente eso, sino que lo llamó a ser su apóstol.

     Ciertas declaraciones de Pablo, para no hablar de su consecuente entrega total al servicio de Cristo, muestran que él jamás dejó de maravillarse de cuán misericordioso y amoroso fue el Señor con él y cuán indigno se sintió de ser el objeto de tanta misericordia. Aunque nosotros lo consideramos el más grande y fiel de los cristianos de que se tenga  noticia, él veía su caso muy diferentemente: Observe con cuidado este pasaje: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.  Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.  Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.”

     Resulta claro que Pablo se consideraba el más pequeño de todos los siervos de Cristo. A él le quedaba perfectamente el nombre de Pablo, “pequeño”.

     Ahora note este otro pasaje, que expresa ese sentimiento y en el cual usted tendrá que detenerse en una palabra que tiene que ver con lo que estamos diciendo: Es 1 Co. 15. 8,9: “y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.  Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios”.

     La palabra interesante es “pequeño”, que aunque no es la misma palabra Paulos, lleva también la idea de pequeñez. Varias versiones traducen “pequeño”, otras “insignificante”, “último”, “menor”. Uno se pregunta si Pablo habrá notado que la palabra que estaba usando era un sinónimo de su propio nombre. Una cosa es cierta: el nombre Pablo encajaba perfectamente con el muy humilde concepto que Pablo tenía de sí mismo.

     Pablo pudo tener dos nombres y decidir ser conocido con el que consideró que le cuadraba mejor ahora que era un cristiano indigno de todo lo  que su amo le había dado. O Pablo pudo no haberse llamado Pablo antes, pero aprendió que había un nombre gentil, (tal vez al conocer a Sergio Paulo) muy parecido a su nombre que por su significado le gustó mucho y lo adoptó.

     ¿Será?... Lo que si es cierto es que además de las muchas cualidades que tuvo, el hecho de que Pablo el cristiano hubiera querido llamarse pequeño, también nos hace ver lo grande que fue.

 

Guadalajara, México, junio 4, 2009