Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 
 

 

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"Los espíritus encarcelados"

Por Jorge Rodríguez Guerrero

        

 

Observe este pasaje que usted seguramente ha leído una y otra vez: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho fueron salvadas por agua".

Aunque el pasaje no se termina allí, y aunque sería mucho mejor explicarlo todo, el espacio solamente permite que nos dediquemos a cierto aspecto, el que tiene que ver con la predicación de Cristo a los que Pedro llama espíritus encarcelados.

Este es un pasaje un tanto extraño, que despierta ciertas interrogaciones y que hasta ha sido usado para decir que cuando el Señor fue al Hades, después de morir, predicó a los perdidos allí. Los mormones dicen que lo que no pudo hacer el Señor fue bautizarlos porque allí no hay agua y que por eso es necesario que los vivos en esta tierra se bauticen por los muertos. ¡Qué bárbaros!

Si el pasaje dijera que el Señor fue a predicar a los muertos del Hades, en realidad estaría diciendo que fue al Hades a predicarles a ciertos muertos; no a todos ellos sino solamente a los que vivieron en tiempos de Noé. ¿Se imagina? ¿De qué privilegio gozaban esos desobedientes como para que sólo a ellos les predicara el Señor en los tres días que estuvo en el Hades después de morir en la cruz? Cualquiera que conoce a Jesús sabe que él les habría predicado a todos los perdidos en el Hades, no solamente a los de una generación. El no hace acepción de personas.

Pero hay más: ¿para qué el Señor les habría de predicar a los que ya murieron? ¿Para que se salvaran? La enseñanza de la Biblia es muy clara en decir que cuando la persona muere allí queda determinado su destino eterno. Del lugar de tormento nadie sale, se le dijo al rico de Lucas 16, y la persona habrá de responder por lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, afirma Pablo (2 Co. 5.10).

Lo anterior muestra que esa manera de ver el pasaje es incorrecta. Un pasaje no puede decir algo que contradiga a otros pasajes. Hemos visto lo que el pasaje no puede estar diciendo. Ahora veamos lo que sí dice, a la luz de otros pasajes.

Si el bendito Señor predicó a los antediluvianos de los días de Noé, entonces su predicación fue cuando ellos, esos antediluvianos,  la necesitaban. Ellos necesitaban la predicación de Cristo cuando estaban vivos y podían, sí querían, ser obedientes. No quisieron serlo. El pasaje dice que ellos fueron desobedientes. Desobedientes a la predicación que les advertía lo que les pasaría cuando viniera el diluvio y que seguramente les invitaba a ser salvos (como sabemos que lo fueron Noé y su familia).

Seguramente fue por causa de su desobediencia que ellos fueron encarcelados. ¿Quién los encarceló? Dios. La Biblia dice que el espíritu del hombre vuelve a Dios (Ec. 12.7). Es El, pues, quien decide donde pone al espíritu que ha dejado el cuerpo físico. La historia del rico y Lázaro (Luc. 16) es sumamente iluminadora en cuanto a este asunto.

Lo que dije más arriba suena algo extraño: Que el Señor les predicó a esos pecadores en los días de Noé. ¿Cómo puede ser esto? Veamos. La Biblia dice que Noé fue un predicador, un pregonero de justicia (2 Pe. 2.5). Al dar Noé un mensaje del Cielo que seguramente Dios le reveló y que seguramente Dios le ordenó dar, él vino a ser un profeta. El pasaje dice que Cristo predicó "en espíritu" a los antediluvianos y otro pasaje de la misma carta de Pedro acude a nuestra ayuda cuando leemos que "el espíritu de Cristo estaba en" los profetas. 1. Pe. 1. 11.

Por todo lo anterior podemos concluir lo siguiente: Cristo a través de Noé les predicó a los que vivían "mientras se preparaba el arca". Ellos desobedecieron a la predicación y cuando Pedro escribió la declaración que estamos considerando, ellos, los espíritus de ellos, ahora estaban encarcelados como consecuencia de su desobediencia a la predicación de Noé. Repetimos: ellos no estaban encarcelados cuando recibieron la predicación. Lo estaban cuando Pedro habló de ellos en el pasaje.

Los que sí obedecieron, es decir, el mismo Noé y su familia de siete, fueron salvos del diluvio y del mundo de pecado que el Señor estaba destruyendo. Ellos fueron salvos por entrar en el arca. Si los otros hubieran sido obedientes a la predicación de Cristo por medio de Noé, se habrían salvado y no hubieran sido encarcelados después de su muerte física.

Esta explicación del pasaje, concuerda con todo lo demás que dice la Biblia sobre la forma de ser de Dios, la condición de los pecadores después de la muerte física y su responsabilidad ante Dios.

 

(Escrito en abril de 1997; revisado y colocado aquí en mayo 29 de 2005)

 

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