Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 2 Cor. 13:8

 

 

 

Si no fue Pablo, ¿quién escribió la carta a los Hebreos?

 

Por Jorge Rodríguez Guerrero

 

Hebreos es un escrito anónimo. Aunque casi desde el principio la así llamada epístola comenzó a ser adjudicada al apóstol Pablo, no todos los escritores de los primeros siglos sobre todo en el occidente, pensaban así, de modo que el asunto fue causa de controversia. Por fin, ya para el siglo quinto la paternidad literaria de Pablo había quedado establecida en el mundo cristiano. Un milenio después, en tiempos de la reforma protestante, la controversia revivió y continúa hasta nuestros días. Naturalmente, quienes rechazan la autoría de Pablo, proponen a otros posibles autores de la carta. Seguramente, algunos nombres propuestos en el pasado han perdido la batalla, pero todavía queda una media docena de nombres que han sido defendidos por autores serios, algunos de ellos propuestos desde la antigüedad.

    Casi dentro de un paréntesis quiero decir que  después de haber leído no poco sobre el tema, personalmente creo que el apóstol Pablo es el autor de la carta a los Hebreos. Cierto que hay un buen número de objeciones a la autoría de Pablo. Hermanos muy sabios como Robert Milligan del siglo antepasado y nuestro respetado hermano Bill Reeves de nuestro tiempo, se inclinan hacia la paternidad literaria paulina. (Vea las introducciones de sus comentarios, el de Milligan en inglés). Además, todo el tiempo surgen comentaristas muy serios que también se inclinan por Pablo.

    Es injusto pensar que si alguien cree que Pablo escribió la carta, debe ser un tanto ingenuo. Como injusto sería descartar así nomás a otros eruditos conservadores, hermanos y no hermanos, que no favorecen la autoría de Pablo.

    No me propongo en este artículo presentar argumentos a favor de la autoría paulina, que por cierto los hay y de peso. Es más, mi artículo admite la posibilidad de que Pablo no haya sido el autor. Deseo más bien dar un enfoque diferente a la cuestión. Si Pablo no fue el autor, por supuesto tuvo que haber sido algún otro. De allí el título del artículo. Ya dije más arriba que desde la antigüedad varios posibles autores han sido propuestos. Entre los posibles autores de Hebreos, (además de Pablo),  propuestos —y tomados en cuenta— tenemos los siguientes: Apolos, Pedro, Bernabé, Lucas, Silas, Priscila, y Clemente de Roma. ¿Quién de estos siete pudiera ser, ya que no Pablo, el autor de Hebreos?

    Creo que las posibilidades de los últimos tres de la lista son casi nulas, aunque Silas ha sido considerado muy seriamente. Detenernos en ellos casi se trataría solamente de ver cómo es que pudieron ser propuestos, sobre todo Priscila, la esposa de Aquila. No emplearé ni el tiempo ni la tinta en detenerme en ellos.

    Es parecido el caso de Apolos. El que lo propuso fue Martín Lutero en el siglo XVI. El autor de Hebreos hace mucho uso del A. T., de modo que evidentemente su autor conocía muy bien las Escrituras. Apolos recibió del E. S. el halago de ser llamado “poderoso en las Escrituras” (Hch. 18.  ). Bien, razonó Lutero, Apolos está calificado para ser el autor de Hebreos. No creo que el alemán haya sido el primero en hacer la conexión. Pero los otros que pensaron en esta calificación sabían que había otras cosas por considerar. ¿Por qué prácticamente ningún antiguo asoció la carta con el natural de Alejandría? En cuanto a la ciudad misma de Apolos, pareciera que ningún cristiano alejandrino vio alguna razón para brindar a la gran ciudad norteafricana el honor de que uno de los suyos, ni siquiera el gran Apolos,  hubiera escrito esa importante porción de las Escrituras. Por el contrario, y esto es muy importante, en Alejandría desde el principio se consideró a Pablo el autor de Hebreos. Después de Lutero, quien a veces se muestra realmente ingenuo como cuando despotricó contra la carta de Santiago, casi ningún escritor serio ha acompañado al reformador.

    ¿Y qué hay de Pedro? El argumento a su favor tiene principalmente que ver con el parecido que hay entre su primera carta y Hebreos. Aunque es algo, no es mucho. El Espíritu Santo inspiró al autor de Hebreos y también a Pedro. Si al Inspirador le pareció que en las dos cartas se mencionaran algunos de los mismos asuntos, claro que habría qué haber un parecido. También entre Pedro y Judas hay grandes semejanzas, lo mismo que entre Marcos y Mateo. Se trataba de escritores siendo inspirados por el mismo Espíritu. Luego, si la carta fue escrita desde Italia (13.24), que bien podría ser Roma, no hay evidencia seria alguna de que Pedro haya estado jamás allí. (Esta realidad es un golpe mortal para el catolicismo romano).

    Mejor podríamos posar nuestra mirada en Bernabé quien fuera compañero de labores de Pablo en los primeros tiempos y que en el asunto que nos ocupa está muy bien posicionado. Es muy digno de notarse que  alrededor del año 200 Tertuliano dijo que la carta era de Bernabé, el hijo de consolación. Tratándose de un levita (Hch 4.36) él estaba capacitado para hablar del templo y sus cosas como el autor de Hebreos. Luego, siendo un chipriota, Bernabé bien pudo haber tenido bastante dominio del idioma griego como el autor de Hebreos. Qué bueno hubiera sido que hubiera dejado algo escrito para comparar.  ¿Realmente hay algo que nos pudiera hacer saber que Bernabé pudo haber escrito algo tan grandioso como Hebreos? ¿Por qué, antes de Tertuliano el africano nadie lo identifica con el autor de Hebreos? Con todo lo que el chipriota tiene a su favor, y no he mencionado más por no hacer esto muy largo, también podemos descartarlo en el caso de que haya alguien que parezca superarlo.

    En la lista nos queda un nombre: Lucas. En la antigüedad Clemente de Alejandría (150-213? d C.) se refiere a Lucas como el autor de Hebreos. Ya en tiempos más cercanos a nosotros el afamado erudito Delitzsch, elabora sobre la autoría de Lucas. En cuanto a quien está escribiendo esto, también él cree que si no fue Pablo el autor de Hebreos, el médico amado tiene muchas cosas que lo acreditarían.

   Veámoslas:

   Prácticamente todos los estudiosos, incluyendo aquellos que no aceptan la paternidad literaria de Pablo, ven rondar por las páginas de Hebreos al espíritu de Pablo. No es de Pablo, pero es paulina, nos dicen. Claro que tienen qué decirlo, porque efectivamente en ella está Pablo, aun si no la escribió. Seguramente esa es la razón de por qué ya para el siglo quinto prácticamente en todo el mundo cristiano se pensaba que Pablo es el autor de la carta anónima. Y eso después de que el asunto se consideró por siglos. Los latinos, se vieron constreñidos a aceptar las razones de sus hermanos los griegos. (Me apresuro a decir ahora mismo que aunque difirieran en cuanto al autor, los cristianos primitivos jamás dudaron de la inspiración de Hebreos de modo que ya se le citaba como Escritura en el mismísimo siglo primero).

    Si Pablo no escribió Hebreos, tuvo que ser alguien que estaba muy cerca de él, que razonaba como él y que predicaba como él. Si no fue la pluma de Pablo, lo fueron sus conceptos. En este caso nadie mejor calificado que Lucas, el amigo entrañable y compañero de muchos años de Pablo. Otro que cabría perfectamente aquí sería Timoteo, pero no lo es. Vea Hebreos 13.23. Pensando en esto también nos podríamos referir a Bernabé, compañero de correrías del apóstol  en los comienzos de sus carreras. Pero ya no tanto, puesto que se asoció con Pablo mucho menos.

    Repetimos que Lucas es nuestro hombre. Lea de la estrecha y larga relación con Pablo en Hechos. Siéntalo al lado de Pablo en las cartas de éste. Mírelo junto al apóstol en el mero final: Sólo Lucas está conmigo (2 Tim 4.11). Si alguien pudo beber de la sabiduría de Pablo ese fue Lucas. Cuántas veces debe el médico haberle escuchado predicar y cuántas veces debió conversar con su amigo. Pensando en su método (Lc 1.1-4) uno puede imaginarse a Lucas a través de los años, haciendo apuntes basados en la enseñanza de su amigo, ayudado por el Espíritu Santo, para lo que sería la extraordinaria carta a los Hebreos. Los comentaristas a veces explican la expresión de Pablo “Lucas, el médico amado”, como mostrándonos que Pablo viajaba por doquier llevando a su médico de cabecera. Si así fue, qué relación tan estrecha hubo entre médico y enfermo, entre amigos, entre hermanos que se amaban con el amor de Cristo. No creo irme demasiado lejos al expresar la posibilidad de Lucas preparando su magna obra, consultando con Pablo.

    Una de los argumentos en contra de la autoría paulina de la carta es la superioridad del uso del idioma griego en Hebreos comparado con las cartas de Pablo. Ya desde la antigüedad, ha habido autores que se refieren a la gran posibilidad de que Pablo sea el autor inspirado de la carta pero Lucas el redactor inspirado también. A mí me gusta el razonamiento de estos estudiosos. Digamos que será o no será. Lo cierto es que los que saben nos dicen que el griego del tercer evangelio y el de Hechos es magnífico. Que Lucas tenía un verdadero dominio del idioma. Dije más arriba que aunque nos guste Bernabé, no se sabe que haya de cierto escrito nada. Pero en el caso de Lucas es otra cosa.  Ya alrededor del año 300 Eusebio notó la similaridad de estilo en el griego de Hechos y Hebreos.

    Si la carta fue escrita a los hermanos de Palestina, como muchos piensan, Lucas sigue siendo nuestro hombre. El era muy conocido en esa región. Fue allí donde él estuvo investigando y coleccionando el material para su evangelio (Lc 1.1-4). Más delante en ese mismo capítulo nos deja saber que también llegó a saber mucho de las cosas del templo y de los sacerdotes. Luego, ¿no es él quién recoge la parábola de El Buen Samaritano en la que aparecen un sacerdote y un levita? (c. 10.30 y sig). Aunque gentil, Lucas llegó a saber por sí mismo y por su estrecha asociación con Pablo las cosas levíticas y sacerdotales de que tanto nos habla Hebreos. El estuvo en Palestina recopilando material para su evangelio, dijimos. Es muy posible que eso fuera durante el cautiverio de Pablo en Cesarea. Si uno lee los caps 21 al 26 de Hechos se da cuenta de que mientras Pablo estaba preso, Lucas permanecía en las cercanías de la región, seguramente con los hermanos. A mí me parece que con su hermoso carácter, aquel médico debe haberse ganado el corazón de los hermanos. Cuando uno lee el final de Hebreos se da cuenta que su autor era conocido de sus lectores. Lucas lo era.

    En Hebreos 13.23 leemos unas palabras interesantes a las cuales ya me he referido: Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. El autor de Hebreos era amigo de Timoteo y además cuando se escribió la carta el autor esperaba que su amigo pronto se reuniera con él. Por supuesto sabemos que siendo Lucas y Timoteo los más estrechos colaboradores de Pablo, ellos deben haber sido grandes amigos entre sí. Aquí continúa pues Lucas siendo nuestro hombre.

    En este mismo versículo nos enteramos que los recipientes de la carta, que yo creo eran los judíos cristianos de Palestina, conocían a Timoteo y el autor de Hebreos lo sabía. Para eso fue necesario que Timoteo, el gálata de Listra,  hubiera estado alguna vez en esa región. Conociendo la estrecha relación entre Pablo y el joven Timoteo, sería casi imposible no pensar que durante los dos años y más del encarcelamiento de Pablo en Cesarea ha de haberse aparecido por allí su amado amigo. En ese tiempo los dos, Lucas y Timoteo, convivieron con los hebreos, los recipientes de la carta. “Si viene pronto Timoteo, los dos les haremos una visita, hermanos”, escribe el autor de Hebreos. Nuevamente Lucas vuelve a encajar perfectamente en el cuadro.

    Concluyendo: Aunque la mayoría de los comentaristas modernos piensan en forma diferente y presentan buenos argumentos, personalmente y aunque no soy nada ni nadie como para que se me tome seriamente en cuenta, me aferro a la idea de que Pablo escribió la carta a los Hebreos. Y me da mucho gusto saber que no son tan pocos los eruditos que piensan igual. Pero, en el caso de que Pablo de veras no haya sido el autor, la mejor opción, me parece a mí, es Lucas, el médico amado.

    Orígenes en el siglo tercero también investigó el asunto. Y llegó a una conclusión inequívoca. Dijo: “Quién escribió la Carta a los Hebreos sólo Dios lo sabe a ciencia cierta ”.  Después de casi dos milenios, sigue siendo así.

 

Guadalajara, México, agosto 13, 2010